2 de febrero de 2016

Una realidad con mucha esperanza



Mike LightwoodEl fuego en el que ardo – Plataforma Editorial, Barcelona, 2016
  
From the air I breath
to the love I need,
only thing I know
you're the origin of love.
The Origin of Love, MIKA

No es fácil vivir la adolescencia, menos para los jóvenes que no encajan dentro de las -cada vez más oxidadas- etiquetas normativas. Óscar, el protagonista de esta novela es uno de estos jóvenes. Pero más allá de que el protagonista sea gay o que sufra acoso escolar o que viva con una familia en la que se sufre violencia por parte de un padre maltratador y alcohólico, la primera novela de Mike Lightwood nos cuenta una historia sobre el amor, el amor que salva, el amor que enseña, el amor que ayuda. Y sobre todos los temas anteriores, lo que entrega esta novela en una dosis de realidad necesaria.

ESTA RESEÑA CONTIENE SPOILERS, SI NO QUIERES ARRIESGARTE NO SIGAS LEYENDO. 

Cuando Óscar confiesa a su mejor amigo Darío que le ama, su reacción es la peor que se podía haber imaginado. No solo Darío le rechaza de la manera más desagradable conocida –"Me das asco", qué buen amigo...– sino que a la mañana siguiente todo el instituto lo sabe y Óscar tiene que enfrentarse a la peor de sus pesadillas, un curso escolar en el que todos sus compañeros le desprecian y algunos de ellos le maltratan. Además, su familia se está desintegrando poco a poco. Su hermana se ha marchado a estudiar, trabajar y vivir a la ciudad, huyendo de su padre que pierde el control cada vez que bebe –y siempre tiene una cerveza en la mano.
Ante estos entornos de violencia constante, Óscar no ha encontrado mejor forma que retrotraerse a su propio universo de música, libros y dibujo, y a sus cuchillas. No ha intentado suicidarse todavía, pero ya tiene suficientes cicatrices en el cuerpo que evidencian que ha vivido demasiado en muy poco tiempo y que, si todo sigue igual, es probable que no llegue a cumplir los diecisiete.

Mike Lightwood nos muestra la realidad que sufren la gran mayoría de jóvenes que no se atienen a la norma a través de un caso ideal, un chico que sufre las peores violencias tanto en clase como en casa pero que, con ayuda, es capaz de salir de ellas. Es un libro cargado de cruda realidad, pero también de esperanza. El fuego en el que ardo es una historia dura, más aún porque eres capaz de empatizar con el protagonista y compartir los sentimientos de Óscar sin tener por qué haber pasado por las mismas cosas. Y en este sentido cumple muy bien con su objetivo principal –que Mike explica en la nota preliminar–, concienciar a la sociedad e intentar dar ayuda a otros jóvenes que se encuentran en la situación del protagonista.
Unos personajes a veces demasiado perfectos, unas tramas muy bien entrelazadas, una historia dura y unos sentimientos muy bien descritos son los principales puntos fuertes de este libro. Sin embargo, hay un par de fallos que querría también dejar por escrito.
Sobre todo a nivel de trama, parece que todo tiene que acabar con final feliz. Si Óscar fuera una persona real, sería alguien con muchísima suerte: un amigo comprensivo y plenamente dispuesto a luchar por él sin rendirse nunca, un chico gay que le enseña a amarse a sí mismo –con enamoramiento de por medio–, una hermana que se aleja del entorno tóxico de su casa y le ofrece irse a vivir con ella, una profesora que le entiende, se moja y le da todo su apoyo, incluso una madre que acaba saliendo del ciclo de maltrato al que la somete su marido. Quizá con todos estos personajes tan perfectos y estas tramas tan felices, Mike Lightwood está tratando de mostrarnos las posibles salidas de un joven ante esta terrible situación de violencia. Y es un intento maravilloso y necesario, pero que al conjunto de la novela le da un final tremendamente de cuento de hadas, lo cual no es del todo incorrecto, porque se necesitan más historias cargadas de esperanza como esta.
Los demás detalles son mínimos. De la misma forma que la descripción de sentimientos es increíblemente real –muy muy emocionante la manera en la que Óscar le explica a Sergio la necesidad de cortarse, para que el dolor le haga sentir vivo, le devuelva a la realidad, le corte la carcasa anti bullying que se pone en clase–, hay ciertos momentos en los que el léxico de algunas expresiones me sacaron por completo de la narración –un par de casos contados solo. Pero la edición y la maquetación son perfectas y realmente sirven para meterte en la historia, y el juego con los diferentes estilos –blog, Twitter, WhatsApp– le dan un regusto moderno e interesante. Me hubiera gustado contar con un índice, solo para poder tener una visión completa de todos los capítulos y partes de un solo vistazo. Y las canciones, que son todas muy gays y sirven para meterte también en la cabeza de Óscar y en el tema del capítulo, para mí son demasiadas y en ocasiones extremadamente simbólicas, todo esto desde la opinión personal.

Todos son detalles mínimos que no impiden llorar de tristeza y felicidad en muchas partes del libro, encontrarte sufriendo por Óscar y los demás personajes en momentos clave, y sentir verdaderamente el amor que profesan los distintos personajes por nuestro protagonista. La amistad de Fer por su amigo que le salva en tantos momentos, el cariño de su hermana María y de su profesora Ana que son la llave para salir de los dos entornos de violencia en que se encuentra, y el amor de Sergio que le descubre la forma de amarse a sí mismo sin forzarle ni aprovecharse de él. Por supuesto, para salir de esta situación de automutilación y depresión, Óscar necesitará apoyo psicológico, pero todo el amor que recibe de sus cercanos es lo que le salva en un primer momento.
Y ese es el mensaje principal de El fuego en el que ardo –quizá demasiado iluso para la actualidad que vivimos–: el amor salva, el amor es la respuesta.
La sociedad en que vivimos debería buscar las formas de educar en el amor para amarse a uno mismo y amar a otros. La novela de Mike Lightwood contiene unas cuantas lecciones que deberíamos tener en cuenta si queremos luchar verdaderamente contra la violencia que inunda nuestros colegios y nuestras familias.

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