14 de enero de 2016

La educación bilingüe no funciona



Ha habido, desde hace un tiempo, cierto movimiento en las redes y los periódicos alrededor del tema de la educación bilingüe en nuestro Estado español. Quiero hablar yo también sobre ello, porque hasta hoy no he leído –por ninguna de las dos partes– un texto con el que me identifique plenamente.
Porque la realidad es la que está en el aula. Una realidad que tristemente solo los profesores –y algunos padres, a veces demasiado avispados– podemos entender. Una realidad que me dice a mí, como maestro, que el sistema bilingüe no funciona. No he dicho que sea un fracaso; no he dicho que sea un éxito. He dicho que no funciona.
Soy maestro recién salido de la Universidad. De hecho, el primero de la promoción Bolonia de Oviedo. Interino desde las oposiciones del año pasado para entrar a trabajar como maestro de Lengua Inglesa en el colegio público que más me quiera. Y estoy acabando un Máster en Enseñanza Integrada de Lengua Inglesa y Contenidos (uno de los pocos que hay en España, dicho sea de paso, en la Universidad de Oviedo).
En mis diversos periodos de prácticas he podido contemplar la situación bilingüe de varios colegios públicos de Oviedo para llegar a la conclusión que ya he expuesto. No puedo decir que el sistema bilingüe sea un fracaso, porque, de una u otra manera, los niños que han pasado por él han conseguido un nivel medio de conocimientos que les han permitido avanzar a niveles superiores del sistema educativo. Tampoco puedo decir que sea un éxito, porque, si no fuera por el esfuerzo de los maestros, la educación bilingüe habría nacido muerta.
El sistema bilingüe en Asturias se impuso en la educación pública hace una década de manera apresurada, como en el resto de España, y apenas se dio tiempo de reflexión o de preparación para los maestros y profesores –las editoriales, en cambio, se encontraron de pronto con un filón de dinero al tener que producir nuevos libros.
Desde entonces hasta ahora, pocos estudios, tanto a nivel nacional como internacional, han conseguido demostrar de forma veraz que la educación bilingüe funciona de algún modo. Contienen todos ellos, errores de base que son difícilmente subsanables.
El principal error de estos estudios es que no se puede saber si la mejora en el nivel de inglés se consigue por la calidad del sistema o simplemente porque los niños están expuestos a más horas de enseñanza en lengua inglesa. En cambio, parece que los contenidos que se enseñan sí se ven perjudicados, encontrando incluso problemas de expresión: niños que no saben explicar conceptos e ideas básicas de la ciencia si no las dicen en inglés. Si aprender inglés con este sistema pone en detrimento el aprendizaje de otras áreas, entonces la mejor solución es volver a separar el bilingüe y ampliar las horas de esta segunda lengua. De esta forma podremos, los maestros, seguir enseñando el contenido que “necesitan” aprender los niños y estos conseguir el nivel oportuno de capacidad lingüística. Pero, por supuesto, no hay horas en el horario para ello.
Ante este sistema impuesto, los profesores han hecho lo que llevan haciendo desde el primer cambio absurdo de ley educativa: capear el temporal. Han llegado a la conclusión de que todo sistema es provisional y que es mejor enseñar siempre igual, pero adaptándose a los cambios de nombre y estilo. Ahora es enseñar en inglés –dicho sea de paso, una muy mala interpretación de la enseñanza bilingüe, por alguna extraña razón nos olvidamos siempre del contenido a favor de la lengua–, mañana será utilizar apps online, hace no mucho –todavía estamos en ello–, la ley Wert.
Los maestros han sido los que han salvado el sistema educativo español y, en el caso que nos ocupa ahora, la educación bilingüe. Su constante esfuerzo –o, en ocasiones, vagancia, que también ha ayudado– ha traído cierta estabilidad a los contenidos enseñados a lo largo del tiempo y de los cambios que ha sufrido la educación en nuestro país. Constancia que ha dado resultados mediocres en el aprendizaje de nuestros niños, pero resultados útiles.
Uno querría que la educación –bilingüe o no– fuera un auténtico éxito. Sobre todo porque no tenemos más recursos de los que pueda depender nuestro Estado más que el conocimiento. Pero es un proceso delicado y difícil.
La educación bilingüe se gana cada día más detractores y esto puede –o no– ser bueno. Se necesita un debate a nivel nacional sobre la educación. Un debate serio y consciente sobre los problemas que existen en el actual sistema educativo. Porque, si se me permite la analogía, uno puede conducir con un coche cuando está nuevo, pero conforme envejece se hace más y más difícil (a veces, lo que cambian son las carreteras o el clima y, aunque esté relativamente nuevo, no funciona bien). De nada vale repintarlo de azul o rojo, cambiarle la tapicería por cuero inglés, o incluir nuevas tecnologías que permitan aparcar más fácilmente. El problema está en el motor, en las ruedas, en la maquinaria, y mucho me temo que necesitamos algo más que un solo mecánico para arreglarlo.

Lorenzo Roal
Maestro sin trabajo

P.S.: Antes de despedirme, me gustaría hacer un comentario sobre los artículos de opinión y columnas recogidos al principio de este texto. Compañeros periodistas, columnistas y personas que expresan su opinión en general: modérense. Ya tenemos demasiados conflictos, ya nos radicalizamos lo suficiente entre nosotros. Tratemos de encontrar un punto intermedio, un lugar de encuentro, que seguro que lo hay. Y lo necesitamos.

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