26 de octubre de 2015

La crudeza del mundo en los ojos de un niño




Cristian David LópezLa patria del hombre – Trabe, Oviedo, 2015

El comportamiento y las emociones de los niños me parecen de lo más interesante que se puede observar en el mundo. El descubrimiento de la realidad en y más allá del hogar, el choque con la cruel verdad que nos rodea, el encuentro de nuevas amistades y nuevos referentes (muchas veces en esos primeros y grandes maestros de escuela), en definitiva, todas las experiencias que vivimos siendo niños, son vivencias que nos quedan marcadas en la memoria y que, quizá por nostalgia, atesoramos con especial cariño. Pero la vida no siempre es fácil y no todos los recuerdos son buenos. También hay tristeza y desencuentros y pérdidas.

La patria del hombre de Cristian David López (Lambaré, Paraguay, 1987) nos cuenta una de estas historias de la infancia. La historia de Dani, un niño paraguayo que huye de su casa con su madre y su hermano bebé, escapándose de un padrastro maltratador. Juntos llegan a las bondadosas manos de la Congregación, una comunidad religiosa que los acogerá un día, y otro, y otro. Las tristezas y las sorpresas no acabarán para Dani, porque desde esa noche de lluvia empieza a descubrir que la vida es más dura de lo que parece.

Esta primera novela de Cristian David López (merecidísimo Premio Asturias Joven de Narrativa, preciosísima edición de Trabe) nos cuenta el aprendizaje de un niño (de muchos niños) ante las gracias y desgracias de la vida. Con una prosa rica, poética en algunos casos, y cargada de vocablos guaraníes, esta historia nos acerca a una realidad dura y diferente, que algunos piensan inexistente. Ejemplos de esto aparecen desde el primer capítulo hasta el último: “La lluvia lloraba con mi madre, y en los árboles el viento aullaba. Pero ella hundía la cabeza entre los hombros y seguía cabizbaja en la oscuridad. Éramos sombras perdidas en la noche”.

Toda la historia tiene un toque de inocencia que maravilla al lector y que permite las reflexiones desde el punto de vista de un niño pero desde la revisión del adulto que escribe sus memorias: “Años después descubriría que no hacía falta morirse para ver a los demonios, los había por todas partes, pero estaban disfrazados de personas”. Los ojos limpios de niño que ven la crudeza del mundo, las palabras del adulto que lo describe: “Unos niños pasan y nos miran serios, sus ojos no parpadean siquiera. No saben que miran, que ven. […] no es el olor del mango lo que a esos niños les deja con la mirada perdida, sino el olor de la cola de zapato”.

Algunos capítulos son por sí mismos pequeñas reflexiones sobre la vida (que, por deformación profesional, encuentro perfectos para leer con los niños): “La sed”, “El guardián”, “La sandía”, “Crisóstomo parlante”, “El buey blanco”. Relatos relativamente independientes todos ellos que sorprenden, emocionan, y hacen pensar a quien los lee.

Este conjunto de cuentos hilados a través del narrador protagonista que es Dani nos transportan a la infancia, patria del hombre, y nos descubren, a través de la hermosa (y aún en desarrollo) prosa de Cristian David López, una realidad cargada de dureza, pero también de felicidad y mucha, mucha, esperanza.

1 comentario:

  1. Lorenzo muchas gracias por tu comentario y por tu lectura. No sabes lo honrado y feliz que siento al saber que "La patria del hombre" tiene un lugar en tu blog y en tu biblioteca. Te debo mucho, amigo. Un abrazo. CDL

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