10 de septiembre de 2015

El gusto, la opinión, la crítica

Para la vida es necesario desarrollar un conocimiento básico sobre el mundo. El saber no solo da poder y desengaña a la sociedad, también te hace crecer como persona. Aprender es un nutriente tan necesario como el agua o la comida.
En este mundo de conocimiento son muchas las voces que quieren enseñarte algo. Por continuar con la analogía: hay multitud de restaurantes, gran cantidad de tiendas y variedad de marcas. Y como es bien sabido, algunas están masificadas y tienen más poder (o se les concede). Y también hay muchas pequeñas compañías y autónomos que se oyen quizá con menos fuerza.
Esta vorágine de ideas, de fuentes, este constante fluir de sonido (ruido para algunos) provoca muchas veces una necesidad de conocerlo todo rápidamente pero a pinceladas; se vuelve obligatorio tener pronto una opinión formada sobre algo de lo que solo has leído un titular, una entrada de blog, incluso un tweet.
Y no solo tiene que ser una opinión formada, tiene que ser un conocimiento contundente y sentencioso, en ocasiones en base a un temperamento propio preexistente (ejemplo: tal partido es de izquierdas, ergo, no me gusta, o viceversa), en otras, solo por una sucinta primera impresión, una primera lectura (que feo el conflicto en ese país de nombre extraño del que solo me acuerdo cuando leo titulares tremebundos).
La necesidad (necedad en este caso) de esta opinión polarizada se acaba resumiendo en algo que ha ocurrido desde siempre: o estás con nosotros o estás en nuestra contra. Y esta visión sesgada de todos los temas y contenidos que pueblan el mundo del conocimiento afecta desde lo más banal hasta lo más profundo.
De un tiempo a esta parte, gracias a ciertos profesores y compañeros, he estado quitándome unas cuantas gafas polarizadas sobre diferentes asuntos, y aún mi vista tiene que acostumbrarse a toda la luz que se encuentra por el camino. Pero qué complejo se hace formar una opinión sobre algo sin encontrarse opositores y defensores radicales. Qué difícil se vuelve moverse en los grises de la vida. No solo porque informarse lo suficiente cuesta su tiempo y su trabajo, sino porque el ambiente no lo facilita: cuando defiendes las sutilezas eres un loco o un radical (ah, la ironía).
Temas como la política, los derechos sociales, el cine y la música, el amor, la muerte… hacen surgir especialmente las opiniones polarizadas y no es fácil exponer una idea sobre estos asuntos sin que te toque el ácido del radicalismo. Estamos en un mundo de lo rápido y absoluto en donde una opinión de más de tres líneas acaba siendo reducida a cuatro palabras que te condenan al fracaso o te coronan de aplausos.
Por todo esto se me hace difícil exponer mis ideas. Además, estas impresiones se quedan grabadas para siempre en el imaginario colectivo, es decir, no hay margen de error ni posibilidad de arrepentimiento: una vez te has ganado el odio, este se mantiene aunque reformules tu opinión.
Defiendo desde aquí la posibilidad de decir no tengo ni idea sobre este asunto y la necesidad de ver todos los lados de un tema antes de escupir una opinión sesgada. Defiendo también la crítica constructiva y formada, y de eso es de lo que quería escribir cuando comencé con todos estos párrafos.
Soy crítico en una gran cantidad de materias gracias a la formación constante y continuada que he recibido sobre ellos, formación que aún se mantiene. Sin embargo, siempre expongo mis ideas desde el gusto y no desde la objetividad. Conforme te informas sobre un tema, más puntos objetivos encuentras desde los que construir tu opinión, pero siempre hay detrás un primer regusto subjetivo.
Es labor del crítico el defender sus gustos con cierta teoría objetiva con la que apoyarlos. Al elaborar una opinión esto debería ser también lo óptimo, estar bien informado y opinar con un mínimo de objetividad, pero sabiendo que detrás de todo, está tu idea subjetiva, tu gusto, y que puedes estar equivocado.
La crítica es una actividad que necesita mucho más trabajo del que parece porque implica buscar las razones para defender una idea y rehacer constantemente tu opinión para finalmente expresar de la manera más objetiva un comentario complejo sobre algún asunto. Para poder criticar algo, para dar una opinión formada y constructiva sobre un tema, es necesario revolver hasta lo más profundo y analizar tus propios gustos y los gustos de la sociedad. Y lo que se encuentra no siempre es lo que te esperas.

Animo a todos a esta búsqueda, a esta formación constante, a ser críticos con la realidad y a no quedarse en el blanco y negro que tanto fuerzan los tiempos que corren (nunca mejor dicho).


No hay comentarios:

Publicar un comentario