24 de septiembre de 2015

Diversos (II): El silencioso don de la Naturaleza...


Y el caracol, pacífico
burgués de la vereda,
ignorado y humilde,
el paisaje contempla.
La divina quietud
de la Naturaleza
le dio valor y fe.
Federico García Lorca

El silencioso don de la Naturaleza:
el viento acurruca las hojas de los árboles
suavemente;
entre el zumbido de las moscas y las abejas,
los tréboles se mecen, crecen lentamente,
se calientan al sol de la Alpujarra.

En Trevélez se achicharran
los techos en verano, se congelan
sus gentes en invierno, y bailan
en el Mulhacén los vientos,
los rayos de sol,
los fotones.

El silencioso don de la Naturaleza:
la yerba seca, la yerba húmeda,
azulada en las noches,
anaranjada en las tardes,
y verde amarillenta en los días;
las hojas de los árboles se mecen,
suavemente;
los mosquitos y los tábanos se mecen
intencionadamente,
y un gato entre los tréboles,
y un perro entre ladridos,
y un burro allá en el valle.

El viento,
los animales,
los tréboles:
el silencioso don de la Naturaleza.



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