27 de julio de 2015

Pinceladas (V): Agenda literaria

lunes,  20 de julio de 2015 – A mano amada
Cuando te mueres te recuerdan unos pocos: familiares y amigos como mucho. Si eres famoso, en cambio, te recuerdan muchas más personas. Quizá, si tu influencia en la cultura ha sido grande, la gente quiera tener algún ancla a tu recuerdo y, a su vez, un manantial que genere nueva cultura alrededor de tu figura: un premio literario, una biblioteca…
Me entristece pensar que algunas veces los familiares y amigos no puedan ponerse de acuerdo para honrar la memoria de alguien. Me entristece de veras leer artículos en los que el morbo y el oprobio vuelan de un personaje a otro. Me da mucha pena que se vea manchada la imagen de un hombre que tanto ha  marcado mi propio hacer poético, que fue el que finalmente me motivó a la escritura (la última chispa, el empujón definitivo) a pesar de no poder llegar a conocerle. Me entristece que sus cercanos, la gente que le quería, sean los mismos que ahora se pelean en el barro amarillista. Me entristece pensar que todo esto sea por dinero. Espero que este gran mal acuñado en monedas e impreso en papeles pequeños no sea el culpable (al menos no el único), de esta absurda disputa.
Ofendidos y ofensores de una y otra parte deben reflexionar y darse cuenta que el daño no es a su imagen sino a la de alguien que no puede defenderse por sí mismo y mandar a todos a la mierda.

martes,  21 de julio de 2015 – Poesía y música
El arte rodea gran parte de mis horas últimamente, y bien encantado que estoy. La tarde se llena de letras y de música cuando visito Avilés y su café de referencia para todo artista que se precie.
Acontece un espectáculo propio de estos lugares informales: un recital de poesía desenfadado. Sé, y lo pienso mucho antes de entrar en el café, que no voy a escuchar metros clásicos, que la poesía va a ser mucho más orgánica y libre, pero no me preocupa. Este estilo, que en ocasiones (por ineptitud del artista) roza la prosa arbitrariamente versificada, no me desagrada y soy capaz de practicarlo. En algunos momentos en que mi iracundo crítico interior está relajado, soy capaz de disfrutar y de encontrar algunos detalles interesantes, imágenes cautivadoras, ideas y temas llamativos.
En general no me disgustan estos eventos, encuentro en ellos calma, y muchas veces música en directo, que echo bastante de menos en otros entornos y recitales. Es este aspecto el que más agradezco: formas distintas de arte que comulgan perfectamente con el verso.
Cada lugar es diferente y genera cultura diferente. Más allá de las definiciones (poesía, prosa, bueno, malo, estructura…), me encanta disfrutar de la cultura, aunque algunos no le vean interés a estos estilos.

miércoles,  22 de julio de 2015 – Juegos de rol
Encuentro huecos en mi agenda literaria para practicar el teatro y masajear la imaginación. Soy adorador de los juegos de mesa por todas sus bondades tanto a nivel intelectual como social, son un entretenimiento mucho más edificante que otras actividades más publicitadas en la cultura consumista actual, una pérdida para esta sociedad de la que formamos parte. Pero no voy a entrar más en este asunto. No ahora.
Después de un tiempo sin jugar (porque ay el tiempo, ya todo se comprende), he descubierto, gracias a alguien a quien últimamente debo muchas cosas, que también se puede jugar por internet a estos juegos. Suerte que he podido incorporarme a un grupo y que me han recibido con los brazos abiertos (gracias, de nuevo). Creo que puede darme esto un pequeño lugar donde descansar de la realidad y donde construirme aún más como persona social, aunque trate con voces sin cara e interprete personajes ficticios.

jueves,  23 de julio de 2015 – El silencioso don de la ciudad
Espero en la plaza del Fontán la compañía mientras leo poesía romántica inglesa. Me encuentro con versos del Coleridge: for I was reared, / in the great city, pent ‘mid cloisters dim, / and saw nought lovely but the sky and stars. (Porque crecí / en la gran ciudad, preso entre ladrillos / y no vi nada bello salvo cielo y estrellas).
Contemplo a los niños en su inocencia jugar con una pelota, golpeando los muros de edificios antiguos y también a algunos viandantes. Contemplo a la gente salir del supermercado cargada de fungibles sobrepreciados. Contemplo la suciedad de la calle. Veo los árboles y escribo: el cielo quiero ver y sus estrellas. Los versos surgen motivados por el amor a la Naturaleza no contaminada.
Antes de acabar el poema miro de nuevo la ciudad. Contemplo la gente entrando y saliendo de la biblioteca, la gente riendo en las terrazas, las fachadas y las estatuas. La noche se acerca y la calma me invade.
A veces la ciudad también es bella.



viernes,  24 de julio de 2015 – Momentos para el recuerdo
Qué suerte conocer las tertulias Oliver. Cuántas anécdotas, cuánta sabiduría. Cuánta tontería también. No puedo más que asombrarme ante el tiempo y el conocimiento. No puedo más que agradecer la serie de casualidades que nos llevaron a las tertulias. Observo con calma y escucho con escepticismo las palabras de unas cuantas personas sobre arte. No es la panacea, pero es un entorno muy enriquecedor.
Soy crítico, constantemente, con todo lo que me rodea –con las palabras de los sabios aún más. Pero es indudable, mayor coincidencia de opinión o no, que estas tardes de los viernes son dignas de recuerdo. Son el estimulante que necesitaba mi poesía, un catalizador de mi arte.

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