13 de junio de 2015

Hablemos de estudiar

A continuación incluyo un texto que escribí para mis jóvenes de confirmación. Más allá de las pocas referencias religiosas, considero que es una reflexión digna de ser compartida con todos. Sobre todo con estudiantes que no saben qué hacer con sus estudios y su vida.



HABLEMOS DE ESTUDIAR
Cuando hablamos de los estudios pensamos en el futuro (qué carrera estudiar), pero también en el presente (qué hacer para aprobar/mejorar los exámenes), y, por supuesto, nos basamos en las experiencias que ya nos han pasado. Iremos de atrás hacia delante, porque para hablar del futuro, necesitamos reconocer nuestro pasado y presente.
Es posible que, hasta ahora, muy pocas personas en el entorno educativo te hayan dado verdadero consejo sobre el futuro, sobre qué hacer con tu vida o qué estudiar. Es posible también que los que lo hayan hecho, te dieran consejos magnánimos que no te solucionaran nada o que hablaran de forma demasiado genérica y no te hayan servido para nada. No te preocupes, este texto tampoco te va a dar la Verdad Absoluta, así que lee con calma, y si sacas algo en claro, fantástico.

¿Qué le pasa a la educación?
El sistema educativo actual, por el que has tenido que pasar de manera obligatoria desde los seis años y tienes que aguantar hasta los dieciséis (mínimo), es, como habrás podido experienciar, un poco bastante malo.
Durante los seis primeros años de tu vida jugabas y aprendías. Es cuando tu cerebro trabajaba de manera más efectiva (aprendiste a caminar, a hablar, a socializar, a leer y a escribir, los colores, los números…), y sin embargo (quizá porque lo recordamos de manera idealizada, en parte porque no recordamos nada hasta aproximadamente el tercer año de nuestras vidas), puede que estos fueran los años más divertidos de tu vida. Y entonces llega la Primaria, y los libros, y los exámenes (o “controles”, no importa el eufemismo), y los profesores exigentes. Puede que aún lo pasaras bien en momentos contados, pero la carga lectiva (los deberes, sin eufemismos) era cada vez mayor y absurdamente aburrida. Y luego entras en Secundaria, y te empiezan a meter la paranoia de que si no estudias no serás nadie en la vida y no llegarás a ningún sitio.
Parece que el colegio y el instituto existen con el único propósito de hacerte ver que aprender es un sistema estricto de memorización de datos y reescritura (con letra bonita, la presentación también cuenta) (y sin faltas de ortografía, memorízate estas normas) (y acuérdate de poner el nombre y la fecha) (y utiliza boli negro o azul, los colorines no molan) (y escribe recto) (y que tus padres vendan sus riñones para pagarte esa academia tan cara a la que van los niños que quieren aprender el mejor inglés) (y no puedes usar calculadora, ya tendrías que saberte las tablas de multiplicar, y las raíces de 144 y 225, y las derivadas de…).
Poco o nada se explica sobre la educación no formal, que es esa que se da en ambientes no escolares: lo que ves en la tele, lo que encuentras en internet, las actividades extraescolares (que tristemente se están academizando cada vez más convirtiéndose en educación formal), los juegos de videoconsola o de mesa, las charlas con tu abuela…
A lo largo de nuestra vida (cuanto más mayor te haces más te percatas de la gran mentira que esto es) nos han convencido de que la única salida que hay para llegar a la adultez es la universidad y un trabajo decente (ahora también el máster) (y un trabajo académico: puedes ser arquitecto, pero no obrero o albañil, eso es para tontos) (y mejor fuera de España, que no hay trabajo aquí). Esta falacia está tan implantada en la realidad que no te das cuenta del error hasta que ya has pagado varios años del Grado en Miraquébienescribo y, claro, ahora no lo vas a dejar…
Para concluir este apartado tan catastrofista, esta es la supuesta conclusión a la que podrías llegar después de leer hasta aquí: aprender no es lo que te enseñan tus profesores, aprender es lo que tú haces con el conocimiento que te rodea. Hay gente que aprende más yendo de viaje un mes que estudiando cuatro años de una cultura que nunca ha visitado. Hay, por tanto, muchas más salidas de las que este sistema educativo cerrado te quiere hacer ver. Más hoy día que el universo digital se expande sin límites. No tienes que estudiar una carrera, no tienes que aprobar todos los exámenes, y, desde luego, casi nada de lo que vas a aprender en el instituto te va a servir para tu futuro.

Entonces, ¿qué estoy haciendo con mi vida?
Vivirla. No hay más.
(AVISO: a continuación se proclaman una serie de consejos megalómanos y de autoayuda que pueden herir sensibilidades)
Ahora mismo tienes la posibilidad de ser lo que quieras. La mentira sigue impuesta sobre ti, por una u otra razón tienes que seguir estudiando. Pero que esto no sea una cancela que te cierre posibilidades, ni un yugo que aplaste tu tiempo. La educación es muy apretada, pero nadie te conoce mejor que tú… bueno, a lo mejor tus familiares… o a lo peor no. Disfruta de lo que te gusta y ten en cuenta que nadie se muere por tardar varios años en estudiar un curso.
Estudia, porque es lo que toca, pero no te obsesiones, lo que quieras conseguir lo conseguirás. Hay que ser realista: si no te gusta el sistema, si suspendes constantemente, si ves que lo académico no te mola, investiga, busca qué posibilidades hay más allá de la universidad. Piensa que no hay nada en este mundo que no puedas hacer si te lo propones (excepto, a lo mejor, que te toque la lotería, que es cuestión de suerte… para algunos).
Y por último, recuerda que aunque tu vida es tuya, afecta a muchas personas. Así que no seas inconsciente. Todos nos sabemos los mandamientos y, aunque suene a viejuno, son, en buena medida, una base normativa por la que regirse. Y hace poco vimos las bienaventuranzas, que también son una guía excelente.

Vale, pero quiero mejorar en mis estudios, ¿cómo?
Estudia. No hay más.
El sistema puede ser una basura, los profesores unos mandones, pero la realidad es la que es, no podemos cambiarla (mucho. Está cambiando, y nosotros seremos parte del cambio, y lucharemos por una realidad menos hijaputa, pero por ahora intenta adaptarte). Estudiar no es difícil, lo más difícil es conseguir la fuerza de voluntad.
Hazte esquemas, busca vídeos que expliquen mejor que tu profesor, organízate horarios. Las posibilidades son ilimitadas. Solo hay que juntar las ganas y para ello puedes quedar con amigos para estudiar, o autoimponerte el deber de hacerlo. Mucho más no hay. Fuerza y espíritu.

Aquí viene la parte en la que hablamos del futuro (futuuuuurooooooo!)
Tres temas principales pueden influir en este apartado: estudios, vida, y arrepentimiento. Sobre los estudios hay bastante escrito ya en los párrafos anteriores, si bien aún quedan un par de posibilidades que comentar. Sobre la vida, solo hay que reformular algunos de los párrafos anteriores y queda todo dicho. Y sobre el arrepentimiento, no hay mucho que se pueda decir.
¿Cómo puedo decidir sobre mi futuro y no arrepentirme de la decisión? Simplemente no puedes. Aquí  viene bien un par de frases de  un tal Anónimo: “es mejor arrepentirse de haber hecho las cosas que de nunca haberlas intentado” y “es tarde para arrepentirse, pero nunca para volver a empezar”. La sabiduría popular nos da la razón en esto, haz lo que quieras porque crees en ello, si no funciona, siempre hay tiempo para cambiar. Un dicho popular también: más vale una vez colorado que ciento amarillo.
Entonces, ¿qué hago con mis estudios? Hay millares de posibilidades:
·      La vida universitaria tiene sus cosas interesantes, pero también está plagada de favoritismos, prepotencia e hipocresía (quizá más que la media general del mundo, parecen concentrarse ahí: Dios los cría…).
·      Existe la Formación Profesional, y tiene más salida que la Uni.
·      Existen los cursos online, te dan el conocimiento que tú quieres. Luego puede que tengan más legitimidad o menos, pero estarás aprendiendo sobre un tema que te interesa.
·      Existe la educación no formal de la que hablábamos antes. No te sientas mal por “perder” tiempo en internet. Se suele sacar más chicha de una hora navegando la web que leyendo un libro de texto.
·      Existen las artes. Para algunos es una salida increíble. La música, el teatro, la pintura. Hay gente que se gana la vida con ello. Solo hay que ponerle ganas. Y buscar y entrar en las escuelas de arte correspondientes.
·      Existen los deportes. Solo hay que dedicarles el tiempo necesario. Y, de nuevo, encontrar las escuelas.
·      Existe la milicia. Hay gustos de todo tipo. Si tienes pensamiento crítico puede que topes con algunas rocas impertérritas. Pero hay personas que se ganan la vida con ello (y hay otras que son violadas, pero es tema de otro texto).
·      Existen más posibilidades. Solo tienes que buscar lo que te mole y pensar que no todo es tan cuadriculado como nos lo hacen ver.
Y como colofón, ¿qué puedo hacer con mi vida? Estudiar, trabajar, conseguir una casa, una pareja, casarte, tener niños, envejecer, morir. No. Estas fases no son obligatorias ni tienen que ocurrir en ese orden. De hecho, estas fases son absurdas. No hagas caso de ellas. Vive tu vida, y ya verás a dónde te lleva. Infórmate de todo lo que te mole e irás por el camino correcto. Dile a la persona que te gusta que te gusta. No pierdes nada por decir la verdad siempre, y pierdes mucho por guardarte las cosas. De nuevo el refrán de los colores. Sé rojo: arrepiéntete; aprende de tus errores. Trabaja en lo que te guste (algún día caerá el capitalismo neoliberal, ojalá lo vivamos). Estudia lo que te guste. Ama a quien te guste, o no ames románticamente; ten pareja estable o no. Ten amigos, eso siempre. Guarda a tu familia cerca, o échala lejos. Pero ten siempre a alguien en quien sepas que puedes confiar tu vida (y no de manera ñoña, las amistades no siempre cumplen esta parte, pero ya hablaremos de ello). Sé. Existe. No mates. La Verdad Absoluta llegará algún día.
Sobre todo esto, tiene palabras geniales una youtuber llamada Terafobia, en su vídeo ¿Qué hago con mi vida? Recomendadísimo.


Ahora ya deberíais saberlo: ¿cuál es la Verdad Absoluta?

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