15 de febrero de 2014

Ser uno mismo (I): hídolos

Grandes jefes de estado o aclamados oradores, 
¿tenían conocimientos o una cabeza prodigiosa? 
¡No me hagas reír! ¡Eran populares!

Glinda - Wicked, el musical


De vez en cuando, quizá porque soy joven, quizá porque estoy cerca de estos grupos, llega a mi cabeza la reflexión sobre la propia identidad; quizá por eso, o quizá porque la identidad se construye a lo largo de la vida y nunca uno puede llegar a decir que va a opinar así para siempre. También hay que tener en cuenta que he caminado poco en esta vida, he sido poco crítico conmigo mismo y no siempre me he parado a pensar en lo que decía o pensaba. Estoy construyéndome, y como propio obrero de mi vida, pues el arquitecto ha tiempo que se manchó las manos, entran en mi mente estas reflexiones. 
En nada seré maestro, debería ahora mismo estar estudiando para ello, pero quiero escribir esto y empezar a asentar mis bases, mis reflexiones. Como maestro que seré (soy), me interesa en concreto, cómo se forja la identidad en el niño que crece. Como catequista que soy, me interesa cómo se forja la identidad en el adolescente. Como joven adulto que soy, me interesa reflexionar sobre ello en general.



Crecemos rodeados de modelos que (podemos) imitar, personas a las que parecerse (o no). Desde niños nos buscan los parecidos, no solo físicos, sino también psicológicos. En la tele salen hídolos a los que adorar. Lo escribo con hache porque es una consonante sin sonido. Si la primera letra no suena, a lo mejor le damos menos importancia a la palabra en general.

2. m. Persona o cosa amada o admirada con exaltación.

Crecemos invadidos de ideas de lo que es una persona, con imágenes de una identidad plana. La vida no es plana, la identidad tiene muchas facetas, pero vivimos en una sociedad extremista, del todo o nada, y con ello llega el simplismo de ser o no ser para nada.

Desde que nacemos, como decía, ya se nos buscan parecidos. Pero al crecer, somos nosotros los que nos sentimos obligados a decantarnos por un parecido u otro. Se es de uno o de lo otro, un otro que suele ser automáticamente repudiado.
Nos pasa a los adultos en la política: o eres de derecha o de izquierda (hace falta un recordatorio de lo que eso significa y una renovación del vocabulario en ese aspecto, pero no es el tema del que escribo ahora). Le pasa a los niños y niñas mientras crecen: o eres de Violetta o de Invizimals (lo cual te ata a una identidad de género concreta, en toda su complejidad, a lo que también me gustaría dedicarle un escrito). Y les pasa a los adolescentes, o eres de One Direction o de Justin Bieber, por poner un ejemplo demasiado sucinto, irreverente y no del todo acertado para lo que intento escribir. Tus gustos te atan a determinada identidad. Te simplifican y te controlan, te tachan con despectivos crueles si tu supuesta identidad no coincide con tus gustos.

Mientras crecemos (todos; niños, jóvenes y adultos), contemplamos y alabamos un montón de hídolos con la creencia (mal fundada) y la querencia (mal identificada) de ser como ellos o incluso más. Ocurre, con todos los hídolos y figuras públicas, que tenemos un efecto halo: creemos que por ser buenos en un campo (digamos el fútbol, o la canción, o la política) lo son en todos los demás. O, a través de un silogismo ilógico y erróneo (díganselo a Aristóteles), creemos que para ser bueno en uno de esos ámbitos en los que estos hídolos son geniales, hay que imitarlos en todos los demás campos. Porque simplificamos la persona, la identidad. Porque somos extremistas y es el todo o nada.

La sociedad en la que vivimos esta impregnada de estos falsos supuestos, de estos ser más que el otro o ser como aquel hídolo que tan bueno es en una cosa como malo en otra. La idea que quiero transmitir aquí es esta: la sociedad somos nosotros, es nuestro trabajo vencer los extremismos y los simplismos. Es nuestro trabajo enriquecer el mundo con la variedad de gustos y querencias y no juzgar por un solo aspecto a la persona.

Tú que estás leyendo ahora estas palabras mal estructuradas: tú eres único. Y tú eres como todos los demás. Porque tu identidad no es una simple faceta, es una composición de muchos aspectos y cambia con el tiempo. Disfruta de lo que te gusta y sé consciente que probablemente hay partes de esos hídolos, de esos creadores de cultura que sigues, que no te gusten. Y no hay problema, porque ellos también tienen una identidad compleja. No los imites, su éxito llegó de una manera para ellos, a ti te puede llegar de otra forma. Incluso puede que tú consideres un éxito cosas que ellos no. No intentes ser como nadie, porque solo tú eres como tú mismo.

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